
Autora: Ana Luisa Nerio Monroy[1]
Cada 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, una fecha promovida por la Federación Mundial de Salud Mental y celebrada por primera vez en 1992. Su propósito es sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de la salud mental, combatir el estigma y promover acciones que permitan a todas las personas acceder a atención y apoyo adecuados. En este marco, resulta importante detenernos en una población que con frecuencia permanece invisible: las personas mayores.
Envejecer suele asociarse con enfermedades físicas, medicamentos o dependencia, pero pocas veces preguntamos cómo se sienten, qué pérdidas han enfrentado, qué tan acompañadas están o si conservan espacios para decidir y participar. Sin embargo, la salud mental forma parte del derecho humano a la salud y es indispensable para vivir con dignidad.
Salud integral y salud mental
La salud mental no puede entenderse separada de las condiciones en que vivimos. La Organización Mundial de la Salud (OMS), reconoce que es un derecho humano fundamental y que factores como la pobreza, la desigualdad, la violencia, el aislamiento y las condiciones socioculturales pueden protegerla o deteriorarla. A escala mundial, más de mil millones de personas viven actualmente con alguna afección de salud mental.
La situación adquiere especial relevancia ante el envejecimiento de la población. De acuerdo con el INEGI, en 2024, México tenía 17.7 millones de personas de 60 años y más; de ellas, 53.2% eran mujeres y 46.8% hombres. A nivel mundial, en 2023 había 1,100 millones de personas de 60 años o más y se estima que serán 2,100 millones en 2050. Cerca de 15% de las personas de 70 años o más vive con algún trastorno mental, principalmente depresión y ansiedad.
En México, de acuerdo con un estudio de la aseguradora Zurich, alrededor de 15% de las personas mayores de 60 años presenta algún trastorno mental y que una proporción muy importante no recibe atención especializada. También refiere que 21% manifiesta sentirse sola la mayor parte del tiempo. Más allá de las cifras, estamos hablando de personas: una madre que dejó de salir, un padre que perdió interés por actividades que antes disfrutaba, una abuela que constantemente dice que “no quiere molestar” o alguien que pasa días sin recibir una llamada.
No debemos confundir estas señales con “cosas de la edad”. La tristeza persistente, el aislamiento, la pérdida de interés, los cambios importantes en el sueño o el apetito, la irritabilidad, la sensación de ser una carga o expresiones relacionadas con no querer seguir viviendo requieren atención. La OMS advierte que los problemas de salud mental en la vejez suelen pasar inadvertidos o no recibir tratamiento adecuado.
Edadismo y el derecho a la dignidad en la vejez
A ello se suma el edadismo, es decir, los prejuicios y prácticas discriminatorias basadas en la edad. En una sociedad que suele valorar la juventud, la productividad y la rapidez, las personas mayores pueden ser consideradas equivocadamente como una carga, como personas que “ya no aportan” o cuyas opiniones importan menos. Esta mirada puede generar aislamiento, pérdida de autonomía y afectaciones a la salud mental.
Desde el enfoque de derechos humanos envejecer no significa perder derechos, capacidad de decisión ni dignidad. Y desde una perspectiva de género y transversalidad, tampoco podemos hablar de una sola forma de envejecer o vivir esta etapa de la vida. Muchas mujeres mayores llegan a esta etapa después de décadas de trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, con desigualdades económicas, menor autonomía financiera o redes de apoyo debilitadas. Las desigualdades acumuladas durante la vida también se expresan en la vejez.
Hay dos temas que requieren especial atención: el suicidio y la demencia. La OMS señala que alrededor de 16.6% de las muertes por suicidio en el mundo corresponde a personas de 70 años o más. Por ello, frases como “ya no tiene sentido vivir”, “sería mejor no despertar” o “soy una carga” nunca deben minimizarse. Escuchar sin juzgar y buscar ayuda profesional puede ser decisivo.
La demencia tampoco debe considerarse una consecuencia normal de envejecer. Se caracteriza por el deterioro de la memoria, el pensamiento, el comportamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas. Información del INAPAM estimaba 860 mil personas con demencia en México en 2015 y proyectaba más de 3.5 millones para 2050. Además de afectar la autonomía y calidad de vida de quien la presenta, la demencia puede generar importantes cargas emocionales, físicas y económicas para las familias y quienes realizan labores de cuidado.
Cuidar también significa acompañar
Hablar de salud mental en las personas mayores nos obliga a mirar más allá de la enfermedad. Cuidar es escuchar, acompañar, respetar y reconocer a la persona en su totalidad. No significa sobreprotegerla ni decidir por ella. Significa preguntarle qué quiere, qué necesita y cómo podemos apoyarla sin quitarle autonomía. Hay acciones concretas que podemos realizar: mantener el contacto familiar y comunitario; promover actividades significativas; favorecer la actividad física de acuerdo con las condiciones de cada persona; estimular el aprendizaje y la participación; detectar cambios emocionales o cognitivos; prevenir el aislamiento y el maltrato; y facilitar el acceso oportuno a atención profesional.
También necesitamos cambiar nuestra mirada. Una persona mayor no deja de tener proyectos, deseos, capacidades o derecho a participar por cumplir 60, 70, 80 años o más. Muchas siguen trabajando, cuidando, creando, enseñando, participando y aportando a sus familias y comunidades. Reconocerlo es también combatir el edadismo.
Y hay una reflexión particularmente importante para las mujeres: ¿quiénes han cuidado durante toda su vida y quién las cuida cuando ellas envejecen? La respuesta no puede seguir descansando exclusivamente en las familias ni, dentro de ellas, principalmente en otras mujeres. El cuidado debe entenderse como una responsabilidad social compartida y como un derecho.
Finalmente, debemos perder el miedo a preguntar. Un sencillo “¿cómo estás?, ¿cómo te estás sintiendo realmente?” puede abrir una conversación que permita detectar sufrimiento y buscar ayuda a tiempo.
Pedir ayuda
En México, la Línea de la Vida, 800 911 2000, ofrece orientación especializada y gratuita en salud mental las 24 horas, los 365 días del año, incluyendo atención ante crisis emocionales y riesgo suicida; también puede canalizar a servicios especializados. Ante una emergencia inmediata o riesgo de suicidio, debe acudirse a los servicios de emergencia.
La salud mental de las personas mayores no es un asunto privado ni un problema que debamos aceptar como inevitable. Es una cuestión de derechos humanos, dignidad, igualdad y justicia social.
Otras opciones para buscar ayuda son: SAPTEL (Sistema Nacional de Apoyo, Consejo Psicológico e Intervención en Crisis por Teléfono): 55 5259 8121. Servicio de la Cruz Roja Mexicana con atención profesional las 24 horas. La línea de Bienestar (IMSS): 800 222 6262 (Orientación psicológica para derechohabientes del IMSS). Instituto Nacional de Geriatría (INGER): ofrece información, programas y recursos especializados en salud de adultos mayores.https://www.inger.gob.mx
Referencias bibliográficas
- Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM). Salud mental en personas mayores. Gobierno de México. https://www.gob.mx/inapam/articulos/salud-mental-en-personas-mayore
- Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2024). Estadísticas a propósito del Día Mundial para la Prevención del Suicidio. INEGI. https://www.inegi.org.mx
- Instituto Nacional de Geriatría (INGER). (2023). Informe sobre salud mental en personas adultas mayores en México. Gobierno de México. https://www.inger.gob.mx
- Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía (INNN). (2023). Deterioro cognitivo y demencia en México: panorama actual. Gobierno de México. https://www.innn.salud.gob.mx
- Organización Mundial de la Salud (OMS). (2017). La salud mental y los adultos mayores. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-of-older-adults
- Organización Mundial de la Salud (OMS). (2018). Salud mental: fortalecer nuestra respuesta. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-strengthening-our-response
- Organización Mundial de la Salud (OMS). (2024). Salud mental y envejecimiento: datos y cifras. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-of-older-adults
- Zurich México. (2026, 27 de abril). Lo que nadie dice sobre envejecer: la salud mental también necesita atención. Zurich México.
[1] Ana Luisa Nerio Monroy es Maestra en Relaciones Internacionales por la UNAM, con estudios en Derechos Humanos, Género y No Discriminación. Integrante del Consejo Asesor del Comité de Derechos Humano Ajusco A.C., autora de “La No Maternidad elegida. Mujeres que eligen no ser madres y son felices!” (2023), Redes sociales X: @aluisanerio IG:@nerio_analuisa