Autora: Ana Luisa Nerio Monroy[1]

imagen: bajanews.mx
El 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres tiene su origen en la lucha de las mujeres trabajadoras, las obreras de la época de la Revolución Industrial y años posteriores (las mujeres socialistas, por ejemplo), quienes levantaron la voz y salieron a las calles para exigir derechos laborales básicos: 8 horas de trabajo, descansos, salarios dignos y derechos sindicales, entre otros.
Bien, pues en esta ocasión, deseo reconocer y honrar a las mujeres trabajadoras que día tras día utilizan el transporte público de la Ciudad de México; en específico, el Sistema de Transporte Colectivo Metro. Allí, cada mañana y cada tarde, de lunes a viernes (a veces también en fines de semana), cientos, tal vez miles de mujeres se encuentran camino al trabajo o a sus actividades cotidianas. Allá van, mujeres de distintos rangos de edad, preparación académica, contexto social y económico, experiencia de vida y con distintos puestos de trabajo. Muy diferentes y al mismo tiempo con tantas cosas en común.
Cada mañana usan al “metro” de la Ciudad de México miles de mujeres para trasladarse. Mujeres trabajadoras, algunas obreras, otras dedicadas al área de servicios, y aquellas que laboran el oficinas, mujeres con c laborales o económicas muy diversas. El metro iguala. Su utilidad, rapidez y costo accesible democratiza su uso. Van, la mayoría, recién bañadas, oliendo a perfume, jabón y shampoo. Varias se maquillan durante el trayecto, y es fascinante cómo en cuestión de 3 o 4 estaciones, aplican base, sombras de ojos, rubor, correctores, delineador, máscara de pestañas y labial. Otras consumen sus alimentos: café, un vaso con jugo, un tamal o abren un “túper” o contenedor con algún cocktail de frutas, por ejemplo. Otras más aprovechan el recorrido para dormir unos minutos más. Es frecuente que alguna compañera de asiento cabecee cuando el cansancio le gana y se quede dormida. ¡Cuánto cansancio traen algunas!
La cantidad de atuendos que se observan son fascinantes. Algunas portan uniforme o viste prendas que denotan que trabajan en “X” o “y” lugar; muchas visten de forma cómoda. Cada vez se ven menos zapatillas con tacón y se observan más zapatos tenis o de caminar. La Pandemia del COVID 19 dejó como uno de su legados el cambio de la “etiqueta” de vestir para el trabajo. Comodidad o “casual formal”, es lo de hoy.
El rango de edades es muy amplio. Desde mujeres muy jovencitas hasta las mayores. Algunas viajan con sus bebés o sus hijos e hijas en edad escolar para “pasar a dejar” a la escuela y luego dirigirse a sus trabajos.
Es imposible no mencionar a aquéllas que van atentas a su teléfono celular. Revisan sus redes sociales y mensajes. Muchas adelantan llamadas del trabajo, dan instrucciones, organizan juntas; resuelven pendientes de la oficina agarradas del tubo del metro para no caerse cuando el tren se da un “enfrenón”. Otras tantas llaman a sus hijas o hijos y van resolviendo asuntos como el desayuno, la tarea o las compras del hogar. Las mujeres resuelven… siempre… o casi siempre. Aún sentadas en un vagón del metro muchas van coordinando y solucionado la vida de sus familias.
Es fascinante la solidaridad femenina que se haya en un vagón del metro. “¿Vas bajar en la siguiente parada…dame chance de pasar y no empujarte”, “Te paso tu bolsa, recárgate aquí, no hay problema vamos en la estación zócalo, ¿en cuál te vas a bajar? “Señora, puede ceder el asiento a esta mujer mayor…madre…mujer con discapacidad…etcétera”. El cansancio, estrés y saturación del transporte público también puede generar conflictos. Alguna vez hay reclamos y gritos. ¡Cuidado! ¡Me empujas! ¡Ya no cabemos! …etcétera.
Estas mujeres van camino a su trabajo o de regreso a su hogar después de su jornada laboral. Ese regreso es distinto a la aventura matutina. Caras cansadas, acaloradas, fastidiadas en algunos casos y en otros felices de haber logrado una jornada más. Ya no hay tanto perfume ni frescor matutino. Sigue la mirada pendiente del celular. En algunos casos se consumen los alimentos que un día lleno de trabajo no permitió ingerir en su momento.
Mujeres trabajadoras, mujeres que contribuyen al desarrollo de este país y que este 8 de marzo merecen nuestro reconocimiento y respeto. Cada día, durante años…transportándose en el sistema público que a veces puede ser riesgoso: accidentes, asaltos o robos, acoso sexual, una caída o empujón. La realidad que enfrentan día a día como una parte de su vida. ¿Cuántas horas pasan en el transporte público? Muchas. No hay queja. Así es. Las mujeres se adaptan, resuelven y actúan. Estas mujeres trabajadoras son el 50% del recurso humano del país, que no se nos olvide. Y este 8 de marzo se reconoce que las mujeres son importantes, tienen derechos y deben ser respetadas y reconocidas.
[1] Ana Luisa Nerio Monroy. Mtra. en Relaciones Internacionales (UNAM). Integrante del Consejo Asesor del Comité de Derechos Humanos Ajusco A.C. Consultora en temas de derechos humanos y género. Autora de “La No maternidad. Mujeres que no son madres y son felices”. Casa Bonsai. 2023.