El cambio del Ombudsman en el Distrito Federal. II. El turno de los que votan.

Colonia Ajusco, Coyoacán, a 7 de septiembre de 2009.

 Apuntes para la reflexión.

 El cambio del Ombudsman en el Distrito Federal.

 II. El turno de los que votan.

 – Hemos acudido a la sucesivas y constantes opiniones acerca del perfil del Ombudsman, de las cuales existen algunos consensos, por ejemplo, la independencia hacia los poderes, el compromiso con las víctimas de violaciones a los derechos humanos, el conocimiento del sistema de órganos públicos de derechos humanos, el profesionalismo en la materia y el trabajo con la sociedad civil.

 Las recientes y rijosas descalificaciones hacia candidatos a la titularidad de la CDHDF, representan una de las constantes de este proceso, que consiste en emitir juicios de valor alrededor de las capacidades profesionales, trayectoria política e incluso las cualidades personales.

 Lo anterior no contribuye al debate de fondo, que es el desarrollo institucional de los órganos autónomos. La desacreditación del adversario erosiona el debate, enturbia el proceso mismo y contribuye a un ambiente de confusión[1], donde la primera perjudicada es la ciudadanía.

 – La elección del Ombudsman se antecede de varios ejercicios, el primero de ellos, fue una convocatoria  amplia, seguida de lo que será de una preselección de los candidatos que cumplan con los requisitos de ley, con lo cual, se integraría una terna.

 Formalismos más, formalismos menos, este proceso significa la oportunidad de que la sociedad se involucre en este procedimiento de selección y deliberación sobre las características idóneas, pero, ¿cómo se lleva a cabo la participación de la sociedad civil? un primer momento fueron las propuestas ante el órgano legislativo, donde las organizaciones enviaron sus  preferencias; para posteriormente explicar por qué son los más indicados para ocupar el cargo.

 ¿Qué le corresponde hacer al legislador? Un primer paso es emitir en tiempo y forma la convocatoria, con criterios claros y tiempos específicos –lo cual ha sido ambiguo-; el segundo consiste en reunirse, deliberar y consensar sobre los perfiles, la experiencia y la trayectoria de los candidatos para la preselección;  y finalmente emitir un dictamen y proceder a votar.

 Por lo anterior  cabe preguntarse si estaremos  ante un proceso democrático, amplio e integrador en donde ocurre la articulación de la esfera de lo político con la esfera social, porque de esa conjunción se generarán toma de decisiones racionales y equitativas, en donde todos tendríamos la oportunidad de participar.

 Las organizaciones de la sociedad civil, por tanto, deberíamos ser más creativas al momento de proponer y ejecutar estrategias de auténtico cabildeo, más allá de entender a éste como un acto de negociación, sino propiamente como vigilancia efectiva y propositiva hacia el poder legislativo local.

 Partiendo de esta idea, convocamos a no ser solamente actores ruidosos sino activar la ciudadanía propia de las organizaciones. Este Comité de Derechos Humanos Ajusco, se hará presente en el mayor número de  audiencias públicas posibles, en donde esperamos la sensibilidad del legislador para recibir nuestras apreciaciones[2].

 No será, desde el escritorio más recóndito de nuestras oficinas “oenegeras” donde se llevará a cabo la deliberación, sino en las sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa.

 – Una vez reconocido que el legislador deberá ser independiente y profesional en su vocación parlamentaria, lo que sigue es que la elección sea ajena a todo tipo de negociación de grupo de interés o tribu (lo cual parece casi imposible).

 – Varias preguntas surgen de la operación política de la Asamblea Legislativa, del Ejecutivo y de la sociedad civil. Una de ellas relacionada con el formal y adecuado establecimiento de los tiempos de la convocatoria y con el cumplimiento de la preselección de los candidatos,  ¿la sociedad en realidad sabe qué ocurre en esta etapa? ¿sabremos cómo se deliberará, qué  argumentos se verterán para votar a favor o en contra de uno u otro candidato? ¿quiénes más asisten a la Asamblea a escuchar o participar de las consultas y deliberaciones? ¿cómo exigir a nuestro representante local un conocimiento más elaborado  para emitir su voto?

 ¿Qué esperaríamos del Ejecutivo? lo lógico es una actitud de respeto hacia la Asamblea, un sano equilibrio de poderes, así como una práctica colaborativa y demócrata con la ciudadanía. Al Jefe de Gobierno, no le corresponde intervenir en este proceso, pero en el futuro tendrá la responsabilidad de colaborar con el nuevo o la nueva titular de la CDHDF.

 Finalmente, la certeza del proceso pasa por una disyuntiva: será esta IV legislatura o la próxima quienes concluirán con la toma de la decisión final. ¿Cuál debería elegir al ombudsman? ¿Una, que a poco días de concluir su periodo puede deslindarse del proceso? o la que inicia ¿qué compromisos generaría? … debilitando la autonomía de este importante organismo público.

  Por el Comité de Derechos Humanos Ajusco

Jesús Cruzvillegas

 


[1] Una sola persona es acusada de ser candidata de la derecha (se le ha tachado de “azul”) al tiempo que se le atribuye ser la propuesta oficial del gobierno del DF (¿izquierda?), y simultáneamente “delfín” del actual titular. Un auténtico galimatías.

[2] Revisar la Ley Orgánica de la ALDF y el Reglamento Interior de las Comisiones de la ALDF, donde se contempla que ciudadanos y organizaciones puedan participar en las comisiones para efectos de las discusiones pùblicas.

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